Por Meirelle Medina
Desde el origen del ser humano, nuestros antepasados vivieron como nómadas, cazando y recolectando comida.
Nuestros genes se forjaron para llevar a cabo una gran cantidad de actividad física necesaria para nuestra supervivencia.
Nuestra especie ha sido capaz de llevar a cabo un sinnúmero de funciones que han asegurado nuestra supervivencia.
El estilo de vida actual nos ha llevado cada vez más lejos de nuestra verdadera naturaleza y dejamos de realizar esfuerzo físico.
¿Qué efectos tiene en nuestro cuerpo el realizar ejercicio?
Durante el ejercicio, el incremento en el gasto cardíaco (CO) y en el suministro de sustratos para la producción de energía es coordinado por lo común por el sistema nervioso simpático.
Aparato cardiovascular: El incremento del gasto cardíaco durante el ejercicio proporciona mayor flujo sanguíneo a los músculos que se ejercitan.
Durante el ejercicio; La presión arterial media (MABP) se incrementa en forma moderada conforme se incrementa el ejercicio, lo que indica que el aumento en el gasto cardíaco debe ser ligeramente mayor que la disminución en la resistencia vascular sistémica (SVR) causada por la dilatación de los vasos sanguíneos que dan irrigación al músculo en ejercicio.
Aparato respiratorio: Se incrementa la ventilación por minuto en forma lineal con el consumo de oxígeno y con la producción de dióxido de carbono. Esta respuesta, consta de tres fases: Incremento inmediato de la ventilación, seguida por una fase de ventilación gradualmente más lenta y al final alcanza una fase de equilibrio.
Sistema circulatorio: La presión arterial media aumenta de acuerdo al gasto cardíaco.
Equilibrio de líquidos y electrólitos: El ejercicio causa una reducción del volumen plasmático, en particular si éste se realiza en un entorno cálido. El incremento de metabolismo genera calor.
La evaporación del sudor producido es el principal mecanismo de pérdida de calor corporal, esta se produce mediante las glándulas sudoríparas.
Las bebidas deportivas contienen cloruro de sodio con agua, lo cual mejora la recuperación del ejercicio y la deshidratación por el incremento de la temperatura.
La energía que utilizamos para realizar ejercicio, es producida por una molécula llamada PP, la rapidez con la que nuestro cuerpo hace uso de esta ATP se determina por la necesidad de energía del momento y la intensidad del ejercicio a realizar. El ATP es nuestra fuente primaria de energía.
El ATP proviene de las proteínas, lípidos e hidratos de carbono que consumimos.
Los sistemas energéticos se activan en el momento en que el cuerpo pasa de un estado basal a un estado de activación.
Mediante el sistema anaeróbico podemos obtener energía sin utilizar oxigeno, este se puede dividir en dos: Vía anaeróbica aláctica (no genera ácido láctico) y vía anaeróbica láctica (genera ácido láctico).
Mediante el sistema aeróbico se utiliza oxigeno, este proceso actúa en ejercicios de intensidad moderada y prolongada, no genera ningún tipo de desecho como el ácido láctico.
Durante muchos años se ha relacionado el ejercicio físico con la salud mental.
Hay algunos aspectos fundamentales de nuestra salud cerebral que se logran al realizar ejercicio.
- Estimula el crecimiento y evita el encogimiento cerebral relacionado con la edad
- Mejora la función cerebral al potenciar el flujo sanguíneo del cerebro, incrementar la producción de compuestos que protegen los nervios y mejora el desarrollo y sobre-vivencia de las neuronas.
- Produce cambios bioquímicos que fortalecen y renuevan no solo el cuerpo sino también el cerebro.
Referencias
Levitzky, M. y McDonough, K. (2013). Ejercicio. En Fisiología médica. Un enfoque por aparatos y sistemas. Nueva York: McGraw-Hill. Recuperado de https://accessmedicina.mhmedical.com/content.aspx?bookid=1501§ionid=101810225
· Navarrete, D.L. (2016, noviembre 29). Sistemas energéticos en el deporte. [Youtube] https://ejercicios.mercola.com/sitios/ejercicios/archivo/2015/07/10/ejercicio-para-la-salud-cerebral.aspx
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